ARTICLE DE VÍCTOR MANUEL PÉREZ SOBRE LA EDUCACIÓ EN TEMPS D'INTERNET




Víctor Manuel Pérez Martínez signa en aragondigital.es el següent article titulat La educación en tiempos de Internet:

¿La educación debe ser diferente en la era de Internet? Cada cierto tiempo se habla de herramientas, tecnologías, innovación docente o metodologías 2.0 y 3.0. Conjuntamente con este discurso tecnológico, como si la tecnología fuera ajena a la cotidianidad, hay otras dos palabras habituales: productividad y emprendimiento. Pareciera ser que si no se incluyen estos términos no se estuviera al día en educación; sin dejar de mencionar los MOOC, que ahora están de moda. No obstante, si dejamos a un lado este armazón retórico que le otorga a la educación una aureola de modernidad, está su razón de ser: la persona. Docentes y alumnos que conviven en un entorno real, o virtual, y en donde está la clave de la enseñanza.

“El arte y el oficio de enseñar es más que arte y más que oficio", señala Benito Estrella Pavo en su reciente libro “Loa a la vieja pizarra”, y que nos permite plantear que la educación, en cualquiera de sus modalidades, es más que tecnología. La transformación de los métodos de enseñanza a raíz del avance multimedia y online es una realidad. Diariamente hay informaciones fabulosas sobre los avances en la integración de las TIC en la formación; pero, ¿hasta dónde esas buenas prácticas son la generalidad en nuestras aulas? Aún más, ¿hasta dónde el uso de la tecnología no ha dejado en un segundo plano la acción docente, personal, cercana y preocupada por el crecimiento humano y profesional del alumnado? No se trata de ignorar la tecnología sino de otorgarle el puesto que debe ocupar en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Las estadísticas tampoco dejan lugar a dudas. Según los datos de la “Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los hogares 2013” del Instituto Nacional de Estadísticas, en Aragón, 724.864 personas señalan haber utilizado Internet en los últimos 3 meses; de las cuales, el 74.1% lo hicieron diariamente. Concretemos el segmento a niños y niñas de 10 a 15 años (71.154) ¿Qué utilizaron en los últimos tres meses?: el 91.6% (ordenador); 91.6% (Internet); 69,1% (disponen de teléfono móvil).

En estos instantes se renueva el debate sobre la vigencia de las teorías sobre el constructivismo social y los modelos de aprendizaje colaborativos. El joven de hoy, si tiene la actitud y la aptitud hacia el conocimiento, puede tener acceso -al menos un porcentaje significativo en nuestra sociedad- a fuentes de información o a redes sociales que pueden aportarle datos y contenidos. Por eso, preguntas como la siguiente, nos deben llamar a la reflexión: “¿para qué aprender un listado de ciudades si puedo saber lo necesario en una búsqueda o consulta por Internet?” El docente no es el único custodio de la información y del conocimiento; aunque cueste admitirlo, se reabre el tema del reconocimiento de su autoridad académica en el aula.

El esfuerzo tiene que ir más allá del acceso a los recursos tecnológicos; se requiere de un avance en nuevas propuestas pedagógicas en los entornos virtuales de la educación. ¿Cuál es la estrategia docente en estos escenarios? Hay quienes se preguntan, ¿desaparecerán los profesores? Algunos probablemente les gustaría pensar que son factibles acciones formativas sin la presencia del profesor; en particular porque la reducción de los costes y la mercantilización de la educación son indicadores atractivos para ciertos sectores. Pero en la actualidad, la figura del docente en cualquier modelo de educación es insustituible. El aspecto a dilucidar es: ¿cuáles son las competencias del docente en la sociedad de la información y del conocimiento?

El buen uso de las TIC aporta un valor agregado a la educación; pero, la clave de su éxito radica en el proceso de aprendizaje que surge de los objetivos docentes o en las competencias a ser adquiridas por el estudiante. Sin embargo, estamos en una sociedad exageradamente preocupada por las estadísticas en función de los resultados óptimos; la llamada productividad y competitividad. ¿En qué lugar de esta ecuación queda la persona? ¿Y el camino hacia el conocimiento? ¿El aprendizaje “de la vida” y “sobre la vida”? ¿Por qué el éxito debe medirse según la rentabilidad económica o de retorno? No es el momento de abordar este tema en estas reflexiones; pero, la educación, en el significado original, debe preocuparse primero por la persona y a partir de allí establecer las metas adecuadas.

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